Leyendas de Guerra: la guerra fantasma.

En el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, uno de los principales hechos eran las constantes invasiones a suelo rival por parte de una u otra área militar de los bandos enfrentados. Estas se llevaban a cabo por dos razones: la primera, para conseguir un punto de avanzada desde el cual hostigar o acechar al enemigo y tener la posibilidad de prever ataques; y segundo, causarle problemas, distraer su atención y conseguir puntos débiles en otros flancos.
- Es por ello que en julio de 1943, las tropas niponas invadieron el archipiélago de la Aleutianas, localizadas al suroeste de Alaska, con la finalidad confundir a las tropas estadounidenses y distraer su atención de su verdadero objetivo: realizar un ataque contra las Islas Midway, cercanas a Hawaii. Sin embargo, el ejército militar aliado había logrado descubrir en secreto el código de mensajes japonés, descubriendo así que se trataba de un señuelo. Aun así, los norteamericanos, ni tontos ni dejados, emprendieron campaña para expulsar a los invasores de su territorio —aunque esta fuera considerado inútil pues el propio clima hostil del lugar terminaría expulsando a los invasores—. El 11 de mayo de 1943, una poderosa flota de buques emprendió rumbo hacia el desalojo de la primera del grupo de islas tomadas: Attu, resultando en una media victoria pues los soldados nipones ya se habían retirado y sólo quedaron 500 soldados que se enfrentaron en un ataque suicida. Posteriormente se llevaría a cabo la contienda contra la isla ‘más fortificada’, Kiska, para la cual se bombardearon las pistas de aterrizaje y los muelles construidos —considerados como los principales puntos de concentración enemiga—. Todo iba según lo planeado hasta que una intensa niebla rodeó a la flota ubicada alrededor de la isla, bloqueándoles la visión, por lo cual tuvieron que concentrarse en los radares. En ese momento ocurrió el hecho que para muchos se ha quedado hasta el día de hoy sin explicación: de repente, todos los radares en las embarcaciones saltaron haciendo múltiples pips (una alerta que indicaba la presencia de una embarcación enemiga). Los buques, alarmados por el repentino despliegue enemigo, abrieron fuego a donde se suponía estaría la flota enemiga; sin embargo, cuando pasó todo el alboroto y una embarcación fue a verificar las restos enemigos, descubrieron que no había absolutamente nada. Así también se dieron cuenta de que en todo lo que había durado el bombardeo de la isla no hubo nunca fuego contrario, por lo que se temió una posible emboscada. Como resultado, un pequeño escuadrón de valientes se dio en la misión de adelantarse y explorar la isla para realizar un informe del enemigo, cuando llegaron a la isla grande fue su sorpresa al no encontrar a nadie. Ninguno de los 5.200 soldados, que se estimaba habrían, estaba en los alrededores.
El pánico y la superstición explotaron en un instante y los soldados comenzaron a hablar de una isla maldita y de fantasma que combatían a favor del enemigo.
Sin embargo, esta parte del evento quedó esclarecido cuando se descubrió que el ejército japonés había retirado a sus 5.200 soldados y su equipo en el lapso de media hora que demoró el reabastecimiento de combustible por parte de los aliados, mas lo que nunca se pudo explicar fue porque los radares saltaron haciendo pips y jamás se encontraron barcos enemigos.
La Segunda Guerra Mundial estuvo plagada de muchísimos sucesos hasta ahora sin explicación. No se pierda, estimado lector, el siguiente capítulo de las leyendas de guerra. *AAH.