Muchas veces nos ponemos a pensar acerca de los métodos de estudio y de ejercicio que se llevan acabo en las escuelas militares. Esto nos permite apreciar el gran avance que ha tenido con el transcurso del tiempo.
Nuevas tácticas, docentes, empleo de multimedia y cursos a distancia; son las nuevas herramientas que se emplean para forjar jóvenes con carácter y respetuosos de la disciplina.
Se llevaron acabo muchas concesiones y una política de apertura a la ciudadanía. No sólo los que desean llevar una carrera militar pueden disfrutar de los beneficios de la educación; ahora los jóvenes civiles pueden participar en talleres, campamentos o matriculándose directamente en los centros. Aprenden a regir su vida por medio de normas de conducta que les servirán de apoyo para el desarrollo de sus profesiones.
Un punto que debe ser detallado, y que ocasionó muchas polémicas en el siglo pasado, es la inserción de las mujeres en el ámbito militar. El día de hoy vemos que tanto las mujeres como los hombres comparten labores, entrenamientos y estudios con un mismo nivel de complejidad. Quedó atrás la idea de un entrenamiento especial.
El rol de la mujer en la vida militar se remonta en la Segunda Guerra Mundial. Ellas organizadas y de manera voluntaria en el WAACS (Women’s Auxiliary Army Corps) brindaban soporte a los soldados. Ya en el año 1948 por medio de ley, las mujeres las mujeres podían servir en el ejército regular y en el Cuerpo de Reserva.
En la actualidad, tanto hombres y mujeres comparten las aulas y la preparación por igual. No existe ningún consentimiento ni preparación independiente; ya que las mujeres han demostrado que las labores tradicionales pueden ser efectuadas sin ningún problema por ellas.
Existen algunos centros como campamentos de niñas que si poseen ciertas normas como la duración a corto plazo (un mes o dos) y con una preparación especial para chicas con problemas de conducta.