Las escuelas militares latinoamericanas no se limitan a formar soldados. Muchos de los países del cono sur cuentan con armamento digno de un país avanzado. La carrera armamentista no se detiene a pesar de los llamados efectuados por distintos mandatarios. Chile sigue comprando armas de todo tipo. Colombia, también. El gobierno venezolano tiene estrechas relaciones con Rusia e Irán, países con los que ha concretado compras de armamento bastante considerables. Y Brasil, a comienzos de este año que se va, impulso la creación de un núcleo de defensa sudamericano. Obviamente con su gobierno a la cabeza. Sin duda trata de retomar su protagonismo en materia bélica.
No son castillos en el cielo. Las compras de armamento, como política disuasiva, están a la orden del día en los países del cono sur. Pero ¿de qué sirve una gran cantidad de metal de guerra si no se tiene a ejércitos bien entrenados?
La pregunta anterior es, obviamente, retórica. Solo busca señalar que la carrera armamentista está presente en los países en vía de desarrollo pertenecientes al sur del continente americano. Las políticas de seguridad nacional son fundamentales para asegurar la supervivencia del Estado, pero estas no se acaban en la compra de municiones, vehículos de guerra e intimidación. Son necesarios sujetos preparados para el combate. Entrenados tanto física y mentalmente para afrontar una de las situaciones más extremas: la guerra.
Afortunadamente en varios países de esa región se pueden encontrar numerosas escuelas militares que entrenan adecuadamente a los interesados en servir a la patria. Pero como nunca es suficiente, se necesita que poco a poco las políticas de los países acerquen a la sociedad civil con las instituciones armadas. Varios de estos países no permiten el acceso de menores a escuelas militares. Es una situación que debe cambiar si es que se desea tener una país con mayor disposición para mejorar las medidas de defensa a nivel nacional.